
El 31 de diciembre es otra fiesta, muchas veces mucho mayor que la del 24, las familias y los amigos se reúnen para celebrar con todo el fin de año. El aguardiente, el ron, el merengue, la salsa, el vallenato, el porro, la cumbia, en fin, todos los ritmos se hacen presentes este día. Canciones especiales de estas fechas suenan y resuenan una y otra vez (quien no ha escuchado aqui en Colombia “faltan cinco pa´las doce…” y “Yo no olvido el año viejo…”) En muchas regiones del país, se acostumbra a construir un muñeco con ropa vieja, relleno de guasca de plátano, o cualquier otro material inflamable , a este muñeco se le rellena de pólvora de toda clase y se coloca en una parte especial de la casa donde todo el mundo lo vea (esto hace de esta práctica todo un arte. En algunas regiones del país, se hacen concursos del muñeco mejor creado y se hacen desfiles impresionantes). A las doce de la noche en punto, mientras la familia en pleno se confunde en abrazos y besos y deseos de un feliz año, el muñeco es incinerado ante la vista de todos en señal de que el año ha muerto y como bienvenida al nuevo año que comienza. También es muy común la creencia en los agüeros de fin de año, ponerse ropa interior amarilla, salir con las maletas en la manos a darle la vuelta a la casa para poder viajar a alguna parte en el nuevo año, las doce uvas al ritmo de las doce campanadas, la cabañuela según la cual como te vaya la noche del 31 es como te irá en el año y como sea el clima los doce primeros días de enero, así sera durante los doce meses de año (el 2 de enero nos dice como será febrero, etc.).